No es esta vez un momento tomado con café (o al menos este último no me acompaña), si no un ligero vistazo por alguno de los párrafos de la narrativa que hoy mismo me dispongo a leer, una inversión decidida en cuestión de segundos justo antes de entrar en una sala de cine, donde lo curioso del puesto, el bajo precio de los libros y el titulo de uno de los varios centenares que allí había, me llamó asombrosamente la atención.
Quizás comprar este libro haya sido un capricho o incluso una carga de trabajo, porque lo cierto es que tengo comenzado ya un par de ellos más, uno más avanzado que otro, o uno más dejado que este ultimo. Libros que ni si quiera son de mi propiedad, si no que se tratan de un préstamo de la biblioteca, y llámeme sin vergüenza o como le plazca, porque me fueron confiados por 3 semanas y ya superan los 4 meses, uno en mi mesilla de noche esperando a ser leído, y otro dando volteretas en mi mochila (de la cuál algún día escribiré) buscando un sitio y momento en el que dejarse leer.
..Y ahora otro más, "Sería una cobardía no ejecutar una acción que puede serme útil..." dice así una de las entrelineas de uno de los primeros relatos que me ofrece el libro y que puede ser transcrito perfectamente al hecho ocurrido anoche en el instante de dirigirme al Sr. Quiosquero.
Y hablando de hechos y de sucesos...
...al llegar a mi calle, racimo, racimo de sorpresas, después de una maravillosa sesión de cine y de compra, me topo con un rostro, imaginaos, justo ayer noche y bajo la luz de una farola, rostro quemado por el sol, agrietado por el paso del tiempo, seco, con motas de paja en el corto pelo, deshilachada camiseta y acentuado olor a alcohol, vista perdida, aun que mejor dicho cuerpo y mente ida, desubicado, buscando quizás una pensión barata donde dormir, una nevera vacía de donde comer o un vagón de tercera que le lleve directo al almohadón.